Así, al finalmente regresar a Pehuajó, Manuelita era otra! No estaba más jovén, ni más linda, ni planchada, ni nada... tenía las arrugas de siempre y las que sumó riendo con sus amigas, pero se sentía PLENA... con la certeza de haber disfrutado cada momento, sembrando valores y cosechando nuevos amigos.
Y saben qué?? Manolo la miró, observó sus arrugas, reparó en cada una de sus marcas y la eligió... saben porque?? porque Manolo no buscaba una tortuga linda, buscaba una compañera de ruta... cosa que Manuelita había aprendido muy bien en su CAMINO! el compartir y buscar siempre seguir aprendiendo!
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